A. Introducción

A.I ¿Quiénes somos los que acusamos?

Somos la parte más agraviada de la nación destruida, del suelo ocupado. Somos la generación que nació con el libre comercio, la última generación joven del país.1 Somos las secuelas y vestigios de lo que el neoliberalismo aún no ha barrido. Somos el presente al que se le niega el pasado y se le cierra toda posibilidad de futuro. Somos las generaciones pasadas de un futuro que amenaza con no existir, las generaciones futuras de un pasado liquidado. Somos las y los jóvenes de México, las y los condenados de la patria.

Para el Estado mexicano somos ese rango de población que cuenta entre 12 y 29 años de edad. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes nos consideran sólo en el rango de población de 15 a 24 años.2 Según los cálculos oficiales existimos en el país 37 990 448 de jóvenes, el 32.1% del total de la población. Pero aquí también hablamos por las y los jóvenes que han sido expulsados del territorio nacional y que viven hoy en Estados Unidos, que según los censos de ese país son más de cuatro millones de personas.3 Para nosotras y nosotros la juventud no se puede reducir a mero rango de edades, menos cuando bajo una cifra se puede callar el dolor de toda una generación mutilada. La juventud es ante todo una relación social. Sin embargo, tenemos que apelar aquí a las cifras para realizar esta acusación.

Cuando hablamos de juventud hacemos un esfuerzo por hablar de aquella parte de la población del país que hoy es mayoritaria, que es además sobre la cual están recayendo todos los ataques del sistema porque su fuerza y capacidad biológica resulta clave para el enriquecimiento de quienes hoy nos dominan, explotan y oprimen. Ser joven en México es sobre todo ser indígena, indígena mestizo o capa media, parte elemental del proceso de reproducción de la vida social.4 Partiendo de las definiciones que hace la ONU sobre la juventud, negamos ser un recurso humano5 al mismo tiempo que reafirmamos ser considerados parte de la capacidad nacional y agentes fundamentales del cambio social.6

Quienes acudimos al Tribunal somos jóvenes que compartimos un mismo tiempo y somos parte de una misma realidad. Somos de diferentes latitudes, contextos, dinámicas y procesos sociales. Somos una articulación de personas, organizaciones, movimientos y colectivos. Somos también los padres, madres, hermanos y hermanas, familiares, amigos y amigas de quienes han asesinado y venimos en su nombre porque a ellas y ellos se les ha privado el estar aquí presentes. Esta acusación es así el testimonio y reclamo de decenas de organizaciones y colectivos, de miles de personas que de distintos modos participaron en la elaboración de este documento. Aquí tratan de expresarse las voces de distintos estados del país. Es apenas una muestra que apela al sentir general, a los sentimientos de una nación y a la voluntad de la misma para hacer un ajuste de cuentas, volver andar sobre los escombros del destrozo, reconstruir la nación y cambiar esta historia.

A.II Objetivo de la acusación

Durante el proceso del Tribunal Permanente de los Pueblos-Capítulo México se ha denunciado, a través de muchas voces, la destrucción del país por el libre comercio. De las denuncias destacan que las principales víctimas de la guerra sucia como violencia, impunidad y falta de acceso a la justicia son jóvenes. Que la mayor parte de mujeres asesinadas y las víctimas de la violencia de género son jóvenes. La juventud es también la más violentada en lo que respecta al trabajo, la precarización, el desempleo y la superexplotación. Las y los jóvenes son quienes más se ven obligados a migrar y quienes más padecen el desplazamiento forzado. La violencia en el campo, la destrucción del maíz, la expulsión de la población originaria y los daños a la vida por la pérdida de la soberanía alimentaria se sufren de manera especial y mayoritaria en la juventud, a la cual se le niega sobre todo su derecho a la vida en el campo y se le quiebra su relación con ese medio y con el grano fundante de la civilización. La desinformación y censura, como elementos necesarios para sostener la dominación del libre comercio, operan determinando principalmente a la población joven, misma población que resulta la más afectada por el desmantelamiento de la educación.

Pero también, en los años recientes, la juventud mostró su potencial impugnador. La juventud como fuerza política cimbró al país en mayo de 2012 en pleno proceso de imposición de un presidente. Casi imperceptibles hasta ese momento comenzamos a demandar un papel distinto en la vida del país. La respuesta del Estado fue y sigue siendo la provocación, la represión y la violencia más cruda. Por eso también desde el TPP ha quedado en evidencia que entre las víctimas de la represión política en contra de los movimientos sociales la saña y odio contra la juventud ha sido constante, creciente y sistemática.

De esta historia reciente —que en parte es la historia del trabajo del TPP-Capítulo México— es que derivó como una consecuencia lógica que ese sujeto en plena gestación debía ser parte de este proceso, que aquellas víctimas nacidas en el libre comercio requerían, en este ejercicio de justicia del TPP, pasar de ser objetos del derecho a sujetos de la justicia. Porque en la crisis histórica tan profunda que vive nuestro país, el exterminio de la juventud no responde a una falla del sistema, responde a una política de Estado reiterada, sostenida, sistemática y creciente que busca con el exterminio de la juventud hacer el sacrificio excedentario de una parte de la población a fin de huir hacia delante, frente a los obstáculos y límites, aumentando y densificando los niveles actuales de sujeción, despojo, explotación y miseria de las grandes mayorías de este país. Este sacrificio ha sido gestionado, desde décadas pasadas, trans-sexenalmente por parte del Estado de manera sistemática e intencionada, en especial, haciendo un uso perverso de los distintos instrumentos de medición y cálculo de población, que determinan cómo enriquecerse a partir de la juventud vista como “bono demográfico” y, tomando en cuenta que nuestro país está en su pico de población joven, han construido un entramado político, jurídico, cultural y económico para extirpar a la juventud de su energía vital en la totalidad del proceso de reproducción social, al mismo tiempo que se deslindan y renuncian a atender las necesidades que está población joven reclamará en un futuro.

Por todo esto, en esta Audiencia Transtemática sobre la Destrucción de la Juventud y las Generaciones Futuras acusamos al Estado mexicano por entregar y destruir a la juventud como parte del desmantelamiento y entrega del país, pasando por encima del bien nacional e imponiendo “una serie de políticas públicas y programas de gobierno centradas en la extracción salvaje de excedentes económicos, una distribución extremadamente desigual y catastrófica de las riquezas, un castigo sistemático de todos los procesos de reproducción (de la economía, la sociedad, la naturaleza, la política y la cultura), así como la consecución de todo tipo de despojos de los bienes públicos de la nación y de los bienes comunes de los pueblos”,7 por medio del desvío de poder, usando las instituciones e instrumentos jurídicos y legales —que por derecho deben velar por el bien de la población— para justificar y apoyar todas las violaciones, vacíos y omisiones que se hacen en contra de los pueblos y comunidades de México. Así, la violencia contra la juventud se inscribe en este proceso histórico de ocupación8 en el que quienes gobiernan el país no son ni siquiera capaces de negociar los términos de la dependencia, sino que son, simple y llanamente, ejecutores de los designios de lo que John Saxe-Fernández define como presidencia imperial9 norteamericana.

Hablamos de juventud cuando hablamos de las clases nacionales, los indígenas e indígenas mestizos, las y los trabajadores y las capas medias. Al hablar de juventud estamos haciendo una especie de síntesis de la destrucción del país, tratando de que las víctimas más directas del desmantelamiento del país tomen la tribuna y al hacerlo tracen en una prospección de futuro hasta qué punto puede llegar la destrucción, qué será el futuro si todo continúa en la misma lógica y, al mismo tiempo, llamemos a impugnar con todas las fuerzas posibles el presente. Sabemos que la reconstrucción de nuestro país sólo podrá darse librando batallas que destruyan la sociedad actual, pero también, a los individuos emanados de ésta. No sólo tenemos que reconstruir el país sino además tendremos que sucumbir nosotros mismos para dejar sitio a las mujeres y hombres dignos de una patria nueva. Por eso esta audiencia de la juventud es un puente hacia las generaciones futuras, porque una sociedad futura sólo se puede desarrollar desde el presente. Y si bien no podemos definir lo que será esa nueva sociedad, no por ello somos incapaces de actuar desde ahora.

1 “Cualquiera que sea el tiempo que esta era pueda durar, aún si durara por siempre, esta es “la última” edad”: porque no existe ninguna posibilidad de que su diferentia specifica, la posibilidad de nuestra autoextinción, pueda terminar sino con el final mismo”, Günters Anders, Tesis para la era atómica, citado en John Saxe-Fernández y Juan Fal, “La especificidad de la etapa actual del capitalismo: los límites materiales del crecimiento y sus consecuencias geopolíticas”, en John Saxe-Fernández (editor). (2012). Crisis e imperialismo. México: UNAM-CEIICH, p. 37.

2 Según el “Programa de Acción Mundial para los Jóvenes hasta el año 2000 y años subsiguientes”, Resolución aprobada por la Asamblea General, ONU, A/RES/50/81. La Convención Iberoamericana de derechos de los jóvenes considera el mismo rango en su artículo primero.

3 M. Fuentes (2014, mayo 06). “México social: los jóvenes que se van, la migración”. México: Excelsior. Disponible en: http://www.excelsior.com.mx/nacional/2014/05/06/957626. Con base en T. Ramírez, M. Castillo (2012). El estado de la migración; México ante los recientes desafíos de la migración internacional. D.F.: Consejo Nacional de Población.

4 “En la banda y el barrio cholo se expresan jóvenes proletarios y aquellos pertenecientes a la sobrepoblación relativa. Esto contrasta con la concepción uniformadora de la juventud, asumida destacadamente por Agnes Heller, que implica una visión primermundista de la juventud, caracterizada por la ausencia de inserción en la división social del trabajo, y delineada en lo cultural por el nivel de consumo. Para Heller, las sociedades “funcionales” se caracterizan por la extinción de las culturas de clase, mientras que las identidades culturales han perdido la demarcación cualitativa que poseían”. José Manuel Valenzuela. (1 de agosto de 1989). “¿Qué clase de jóvenes son éstos?”. Nexos. Disponible en: http://www.nexos.com.mx/?p=5529”

5“Programa de Acción Mundial para los Jóvenes hasta el año 2000 y años subsiguientes”, Resolución aprobada por la Asamblea General, ONU, A/RES/50/81.

6 Ibidem.

7 Acusación General del Tribunal Permanente de los Pueblos Capítulo México (2012). Ciudad Juárez: México, p. 5.

8 Aunque José Luis Ceceña le nombraba en los años 70 “ocupación pacífica” hoy dudamos de que pueda llamársele así, dado que el ocultamiento y la apariencia pacífica ha quedado ya de lado. Cfr. Del autor (1970), México en la órbita imperial. México: Ed. El Caballito, p. 241.

9 John Saxe-Fernández; Juan Fal (2012) en Crisis e imperialismo. John Saxe-Fernández (editor). México: UNAM-CEIICH, p. 33.